Derribarán, removerán, planificarán, urbanizarán, pero los gritos, el dolor, el hambre, la desesperación, la impotencia, la rabia continuará allí. Latente, agazapada, esperando a que alguien, no importa quién, se pare y preste atención a ese aullido mudo, ahogado de la libertad. ¡Que importa que la derriben!, ¿se pueden derribar los recuerdos?

Muchos son los que han querido que al menos, su cúpula quedase como un monumento, como un recuerdo a la barbarie, a la intransigencia, a la venganza. http://paco-centeno.blogspot.com/2008/10/las-vctimas-ms-vulnerables-del.html
En la obra las “bicicletas son para el verano” queda patente cuando al final dicen: “ha llegado la Paz” y se responde “no, ha llegado la victoria”.
Llegó la victoria, la venganza y la vergüenza, ayer de aquellos pobres desgraciados, hoy de nosotros, de los que aún sentimos vergüenza, vergüenza de la bajeza moral, de la cobardía de aquellos que se dijeron vencedores. ¡Honor y Gloria a los Vencidos! Desprecio y olvido a los vencedores. Olvido no de enterrar recuerdos, olvido no de borrar el dolor. Olvido de negarles el pan y la sal, olvido de condenarles al ostracismo. ¿Olvidar esa barbarie? ¡NUNCA!, ¡Que paguen su culpa los traidores!, traidores a la libertad, traidores al pueblo, traidores a la Ley, traidores a sus Juramentos.
Muchos son los recuerdos, unos más recientes otros más viejos pero igual de amargos.
¿Un monumento? No, el odio no merece monumentos. Un recuerdo, un recordatorio, si, que nadie olvide.
A todos aquellos que sufrieron esos muros, a todos aquellos que se vieron cercados de hormigón y de odio, a los de dentro y a los de fuera, hoy quiero darles un profundo abrazo, hoy quiero felicitarles, porque hoy comenzó en verdad su libertad, porque la libertad es un pájaro tan raro que aunque sólo la retengas cinco minutos siempre pierde algo en tanto no desparezcan las paredes que la oprimieron. Hoy ese pájaro vuelve a volar libre.
