Me estaba haciendo falta. Antes del verano iba un par de veces por semana a la piscina a hacer unos largos, pero con calma, con tranquilidad. Entre eso y un plan perdí algunos kilos y no me encontraba mal.
Ayer el traumatólogo me despidió con un “y que no te de otra vez” cosa que es de agradecer, cualquiera que haya sufrido un ataque lumbociatico sabe lo mal que se pasa y lo jodido que quedas, pero como el poema todo pasa y todo queda. La semana pasada volví a la piscina y mi sobrino político (el que duerme con mi sobrina) me había dicho que si me apuntaba con ellos (Club de Rutby de Badajoz) a entrenar, que tenían un equipo de viejas glorias. Por lo que vi ayer, la gloria del viejo, la tengo yo.
Cogí mi bicicleta, los que la ven siempre me dicen ¿Dónde compraste esa cosa? Reconozco que es pelín grande, a mi medida. Pues como decía me subía a mi burra y me dispuse a recorrer los 3-3,5 Km que puede haber de mi casa a las instalaciones donde entrenan, en la Granadilla, unas magníficas instalaciones deportivas municipales que en tiempos nos hizo la Junta, esa que ahora es tan mala, llegué cansado y sudoroso y tras descansar un ratito, cuando los críos dejaron el entreno, entramos los grandes. Me uní al grupo de los nuevos, mi último partido lo jugué hace 14 o 15 años y sólo jugué la mitad, así que llego como nuevo. He logrado que mis 114 Kg den una vuelta a los 400 metros del tratan, cómo he notado la falta de ejercicio en carrera continua. Después una sesión de calentamiento en la que me he sorprendido porque aún conservo bastante elasticidad, digo yo que será la piscina, y después más o menos hora y media de entreno, poca cosa, pasar la pelota y pases en línea a trote cochinero... ¡más quemado que los palos de un churrero que estoy! Hoy me duelen algunas partes del cuerpo, y tengo agujetas, pero esta tarde vuelvo a la piscina a hacerme unos largos y si el destino, los hados, dios o el sunsuncorda no lo impiden, mañana vuelvo a trotar por el césped... qué bien que me encuentro.


















