martes, 10 de febrero de 2009

Mi casita dominguera 2ª Parte

Que sí hombre, que sí. Que es un cacho pan, un dechado de virtudes.
Al menos no se comparte su opinión respecto a la prensa. ¡Matar al mensajero ha sido siempre muestra de inteligencia y virtud cívica!
Respecto a lo otro… ¡¡¡bueno, vale, aceptamos pulpo como animal de compañía!!!
Si es que… somos mal pensados, muy mal pensados. ¡Claro como hay pocos chorizos!
¡Eeeeeeh, que no lo digo por él! Él no.
Vale que tiene separación de bienes, vale que su mujer puede hacer lo que le de en gana.
Pero hombre… comulgar con ruedas de molino…
Mire usted señor Alcalde, en mi pueblo se dice eso de “dos que duermen en el mismo colchón, se vuelven de la misma opinión”.
¿Acaso su señora de usted y usted mismo ganan tanto dinero que no tienen necesidad de siquiera comentarse que se va a gastar 70.000€ como poco?
Hombre, que somos buena gente, y tendemos a pensar que todos somos buenos, buenos que no imbéciles. ¿Pero de verdad que usted piensa que nos vamos a creer que no sabía nada? ¿Qué su esposa no le comentó nada? ¿Qué en ese asunto vivía usted en la inopia?
Señor Alcalde en su caso viene al pelo lo de “la mujer del Cesar”
No sé, o usted estaba en la inopia o los pantalones en casa los lleva ella. También podríamos pensar que tiene un carácter de esos “difícil”, vamos que si habla, usted calla.
¿Qué recurso le quedará a usted para criticar a la oposición? ¿Hablar de los follones de espías y de corrupciones y corruptelas varias de Madrid? ¿Y usted, en que sitio queda? No, no le voy a acusar de corrupto, pero su actitud, por su cargo y por su relación con la titular de la casita se parece mucho a la prevaricación, o a la dejación de funciones. Usted sabía de la comisión de un delito o de un supuesto delito, usted por su cargo está obligado a defender la legalidad, y ante la duda, en su ayuntamiento tiene un equipo jurídico que le puede aconsejar. ¿Y…?
Mire usted señor Alcalde, tiene usted dos salidas. La honrosa y esa que ni el Aparato del Partido ni usted se plantean, la dimisión, y la otra, la que más le jode, esa que le obligaría a tragarse su orgullo, reconozca que metió la pata, reconozca que estaba en conocimiento de todo, reconozca que sabía lo que pasaba, pida perdón, pida a su mujer que desmonte la casita y espere de la buena predisposición de la gente. El pueblo sabe perdonar cuando el arrepentimiento es sincero. Le recuerdo señor Alcalde que sólo faltan dos años para la elecciones y que la oposición le va a crucificar, y con motivo y que le va a resultar muy difícil convencer a sus convecinos de sus virtudes y buen hacer porque estará usted en entredicho
Tráguese su orgullo, entone el mea culpa y olvídese de pasar los fines de semana en el pantano. Y por supuesto, si le queda dignidad, dimita, nos hará un favor a todos