viernes, 31 de octubre de 2008

Nana de la Cebolla

En la entrada anterior, el último comentario lo firma Maribel, y con lágrimas en los ojos y rabia en el corazón, se lo dedica a sus Padres. A su Padre el preso y a su Madre la condenada. Bien conozco esa historia. Por ello, quiero dar a esos Padres y esos hermanos el más sincero homenaje que puedo. Miguel Hernandez escribió desde la carcel para su hijo unos de los poemas de amor más hermosos, más tristes , más tiernos y más amargo que se han compuesto. Para esa Esposa y Madre, para esa niña del cartel a la espalda, para los cientos y cientos que no conozco.

Nana de la cebolla.
La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.
Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso.
Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto que
mi alma al oírte
bata el espacio.
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero se remonta,
aletea, desde tu cuerpo!
Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.
Ser de vuelo tan lato,
tan extendido,
que tu carne es el cielo
recién nacido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!
Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientaertads un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa ni
lo que ocurre.
Miguel Hernández
Esos Padres vieron morir a su verdugo, vieron renacer la libertad, sobrevientees, supervivientes orgullonos de tanta miseria, de tanta verguenza, de tanta venganza.

6 comentarios:

Pantagruel dijo...

Pero esto no es una canción del Serrat, del noi de Poble Sec? Hernández también fue, como Machado, letrista suyo?

En serio, el poema es precioso, y muy emocionante.

Likuid dijo...

Emocionante a rabiar.

Borrasca dijo...

Me conmovió profundamente...
Feliz fin de semana

Besos borrascosos

joaquin dijo...

Malo, eres persona de una gran sensibilidad.

Un saludo para tod@s

Jerusalem dijo...

Me gustaria que supieras lo que estamos haciendo muchos blog. Paqui, (tierra de nomadas) una bloguera madrileña está pasando por un mal momento y es que su hija ha sido agredida por unas compañeras de colegio. Se siente impotente ya que el ministerio no está haciendo nada y el colegio prácticamente menos.

Así que hemos decidido solidarizarnos todos con ella enlazando todos con la entrada de su blog.

¡¡Por un cambio de la ley del menor !!
Saludos

Paco Centeno dijo...

Siempre me haces lo mismo.
Tengo delante a mi hija mayor que me dice, ¿Papa, no llores, si sólo me voy por 10 días!. Se va a Bélgica.
Le respondo, cariño, esta vez no es por ti.
Tienes que resarcirme por la lágrimas que me has arrancado, bicho.