lunes, 3 de noviembre de 2008



Días de luto, de lloros de penas lánguidas, o dolores hirientes. En estas fechas siempre me ocurre lo mismo. Quizás sea el cambio de estación o el de horarios, no sé. A mi cabeza vuelven recuerdos del pasado, recuerdos de una cada vez más lejana y añorada niñez. ¡Que largos eran los días! Días en blanco y negro, no recuerdo apenas colores, tal vez es que no los hubiera, era un luto constante por unos u otros y en estos días el cementerio, lugar atractivo para los chavales, olía a legía y cal y se le veía, al igual que hoy, resplandeciente de blanco, limpias las lápidas, las calles barridas y las flores, como hoy, no, como hoy no, entonces las flores eran en su mayoría de casa, de las macetas de casa o de algún vecino, hoy son de floristería.
Recuerdo las mujeres mayores con sus pañuelos a la cabeza, los velos en la Iglesia y los pantalones cortos, siempre deseando ser mayor para tenerlos largos, en invierno y en verano siempre las canillas al aire.
Recuerdo los días de lluvia, que maravillosos días si no estábamos en la calle haciendo “presas” con piedras, palos y barro, estábamos en los tinaos, muchos no sabrán que son, ahora los llamamos garajes, o naves, los tinaos están en la parte de atrás de las casas grandes y en ellos se guardaban carros, trillos, arados y aperos, justo al lado, las cuadras. ¡Cuantos burros y mulas!
El principio del otoño, recién pasado el veranillo del membrillo, las zamboas, que ricas, las granadas ya rajadas, granos de granada con vino y azúcar, los higos y ciruelas secas, las castañas y nueces “Buenos días tía María deme Usted la CHIQUITÍA”, los críos de mi pueblo continúan la tradición. Ahora no sé que les darán, a nosotros nos daban castañas, nueces… y por la tarde, al campo a comernos la chiquitía. ¡Que ricas las castañas pilongas!. Aún recuerdo los olores del doblao, los melones y las uvas colgadas de los clavos de los palos del tejado, la chacina, poca por lo largo ya del año, olores y sabores de la infancia, olores que de cuando en cuando mi mente, traidora ella, evoca, el olor a lumbre, el humo que se extendía como una niebla por el pueblo, el olor a tierra mojada. Era un mundo triste, triste de colores, triste de miserias, triste. Pero era mi mundo y en mi mente aún veo a aquellos niños jugando con su aro, jugando al pinche, al corta hilo, cabalgando praderas sobre una piedra, donde un espetón era una espada y la tapa descascarillada de una cazuela un magnífico escudo, cuando el reto era ser mejor que los otros con el tirador, o lanzar la piedra más lejos con la honda.
¡Que hermoso era mi pueblo, era mi mundo y era completo, su calles anchas su plaza grande donde la noche de San Juan se quemaban las ruedas de fuegos artificiales. ¡Qué pequeño lo veo todo ahora!
¡Cuanta añoranza de lo que fue, cuanta añoranza de lo perdido,!

9 comentarios:

Satine dijo...

Querido, adorado y admirado compañero, tienes morriña, animaté por fi, me encanta como escribes, continua, un besito, un piquito o lo que sea que te guste más, muakssssss

Likuid dijo...

Imagino que mi niñez no es tan lejana como la tuya, pero igual de melancólica y rural.
Buen escrito, Malo.

Pantagruel dijo...

Cuidado, malo, la nostalgia es un sentimiento muy peligroso; nos cuenta muchas mentiras piadosas, y nos las creemos.

joaquin dijo...

Malo, ¿añoranzas?, de acuerdo que los años no los vas a poder recuperar, aunque según algunas niñas tampoco estás tan mal ahora, pero lo demás porque lo vas añorar. Vas añorar unas zamboas (gamboas en mi pueblo), castañas, higos secos y nueces, por supuesto que no, porque me comprometo que en próximas fechas voy a los Ibores y te traeré (para regalarte) estos productos típicos y de cultivos ecológicos.

En cuanto a los juegos de tú infancia, y la de muchos de nosotros seguro que se los has enseñado a tus hijos, lo que pasa que aquellas fechas éramos algo barbaros ¿o no?

Y en cuanto a tu forma de escribir, no está mal, no.

Borrasca dijo...

Que texto más bonito y tierno...
Por estar en un país tropical sin estaciones, la duración del día es igual en cualquier mes del año, pero si recuerdo el frío intenso de esta época cuando viví en España y como el clima afecta a la gente, la pone melancólica y silencios...
Me parece que tienes unos recuerdos preciosos de tu niñez.

Besos borrascosos

Borrasca dijo...

Malo al igual que yo qué???? Sin comentarios o con imaginación???? jajajajajajaja

Besos fantasiosos

Fernando dijo...

Yo me acuerdo del encinar que había a la vera de casa, es un decir, porque había que andar un trecho. Las pegas, las abubillas y otros pajaritos, meterme en el río a coger ranas y pasar las horas inventando aventuras con los amigos. ¿Qué fue de aquellos refugios de los pastores, cubiertos de pasto o de centeno, en donde no te mojabas? No había tele, claro. Y los enormes culebrones, los alicantes... Etc.

No sé si había aventura o aburrimiento. Te haces mayor muchacho.

Hitos dijo...

Recuerdo un dia de estos de ir al cementerio que nos pilló una tormenta de la leche y salimos escopetaos (aunque creo que todas eramos mujeres o niñas) hasta encontrar un taller donde resguardarnos. De aquella época guardo el miedo ancestral a las ánimas benditas (a las que había que rezar para que te despertaran por la mañana ya que no disponíamos de despertador)

Quita, quita... mucho mejor ahora que programo el móvil y santas pascuas

DR. FREUD dijo...

Que melancolía!!! Me pregunto si la niñez es así. Pienso un poco como pantagruel, quizá esté usted idealizando. Saludos y ánimo.